
¿Por qué?
A medida que vamos creciendo, nuestro cerebro va madurando y con él, se desarrolla la capacidad de pensar, criticar, juzgar, cuestionar, etc. Nuestro diálogo interno (las conversaciones que tenemos con nosotros mismos) son aprendidas, y dependerá del trato y el afecto que hayamos recibido de nuestros padres o cuidadores.
Los niños no se dicen "no debo llorar", "que va a decir la gente", "soy fuerte y los fuertes no lloran" "no debo tener miedo"... Entre otras frases que, lo único que hacen es reprimir la emoción, taparla, y alargar esa incomodidad que tengo en el cuerpo cuando no me permito liberar las emociones.
DEJA QUE LAS EMOCIONES LLEGUEN Y SE VAYAN.
Como los niños, ellos no se hacen "bolas" para expresar su sentir, liberan la emoción del cuerpo, se toman un momento para restablecerse y ya! Su atención sigue estando en el presente, y en el presente no hay pensamiento o recuerdo alguno que pueda traer, nuevamente, una emoción al cuerpo.
Los niños son nuestros mejores maestros, aprendamos de ellos. No perdamos nuestra capacidad de disfrutar el presente.
Cindy Cotrina
Psicóloga y Psicoterapeuta Gestalt.
Imagen: internet

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